Próxima Formación Online en Experto en Kinecuántica
Nuevo Grupo 2026. Inscripciones Abiertas.

HIGADO GRASO

Saludos, soy Fernando Bernal Martín, kinesiólogo cuántico y profesor de la Escuela Internacional de Kinecuántica y del Centro Vida Sana.

Por encargo de estas dos instituciones, escribo estos artículos para nuestro alumnado y para quienes, eventualmente, puedan leerlos con la intención de estimular el estudio de la salud y la medicina desde nuestra perspectiva holística.

Para hoy he seleccionado el tema del hígado graso, una condición cada vez más frecuente y de gran interés profesional. Además, puede resultar útil también para quienes, sin ser terapeutas, desean adquirir conocimiento, comprender mejor el funcionamiento del cuerpo y ampliar sus límites culturales.

Este artículo no pretende ser exhaustivo. Propone una visión resumida del problema, pero aspira a ayudar a tomar conciencia de su importancia, de sus posibles dimensiones, de su gravedad cuando progresa y de su posible abordaje desde las medicinas holísticas.

El hígado graso es una condición caracterizada por la acumulación de grasa en las células del hígado. Aunque durante mucho tiempo se consideró un problema menor, hoy sabemos que puede evolucionar hacia enfermedades más serias si no se atiende adecuadamente. Para muchas personas pasa desapercibido, ya que no siempre presenta síntomas claros al inicio, pero comprender sus causas, señales de alerta y posibles riesgos es fundamental para prevenir complicaciones y proponer hábitos saludables a nuestros pacientes.

En la actualidad, además del término hígado graso, cada vez se utiliza más la denominación enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida por sus siglas en inglés como MASLD. Este cambio de nombre ayuda a comprender mejor que, en muchos casos, el problema no se limita únicamente al hígado, sino que forma parte de un desorden metabólico más amplio. Según la nueva nomenclatura internacional, MASLD sustituye al término anteriormente conocido como hígado graso no alcohólico, y se asocia a la presencia de esteatosis hepática junto con factores de riesgo cardiometabólico.

También es importante diferenciar entre la acumulación simple de grasa en el hígado y aquellos casos en los que aparece inflamación y daño celular. Cuando la grasa hepática se acompaña de inflamación, hablamos de una forma más avanzada que actualmente se conoce como MASH, término que sustituye a la antigua denominación de esteatohepatitis no alcohólica. Esta forma tiene mayor riesgo de evolucionar hacia fibrosis, cirrosis o cáncer de hígado, por lo que conviene detectarla y abordarla cuanto antes.

Esta condición puede tener múltiples orígenes. Una de las causas más comunes es el exceso de peso corporal, especialmente cuando existe acumulación de grasa abdominal. También influyen las dietas ricas en azúcares simples, harinas refinadas, grasas procesadas y alimentos ultraprocesados, que favorecen alteraciones metabólicas. El consumo frecuente de alcohol puede provocar otro tipo de hígado graso, relacionado directamente con la toxicidad que esta sustancia ejerce sobre las células hepáticas. Además, el sedentarismo, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, los triglicéridos elevados, la hipertensión arterial y determinados medicamentos pueden contribuir al desarrollo de esta afección.

A veces, varias de estas causas se combinan, aumentando la probabilidad de que el hígado comience a almacenar grasa más allá de lo normal. Por eso, el hígado graso no debe observarse únicamente como un problema aislado del hígado, sino como una posible señal de que el metabolismo, los hábitos de vida, la alimentación, el descanso, el estrés o la capacidad de regulación del organismo necesitan ser revisados.

En las etapas iniciales es habitual que el hígado graso no presente molestias evidentes. Por eso se lo conoce como una enfermedad silenciosa. Sin embargo, algunas personas pueden experimentar cansancio persistente, pesadez después de las comidas, malestar en la parte superior derecha del abdomen, digestiones lentas, sensación de inflamación abdominal o pérdida de vitalidad.

Cuando el proceso inflamatorio avanza, pueden aparecer síntomas más marcados, como pérdida del apetito, náuseas, debilidad general, mayor sensibilidad digestiva o cambios en la piel y en los ojos, que podrían adquirir un color amarillento. Aun así, muchas veces los síntomas aparecen tardíamente, cuando el daño hepático ya es significativo. Por este motivo, la prevención y la detección temprana son fundamentales.

El diagnóstico no debe basarse solo en los síntomas, ya que muchas personas pueden no presentar molestias evidentes durante años. Ante la sospecha de hígado graso, es importante realizar una valoración médica mediante analítica, estudio de enzimas hepáticas, perfil metabólico, ecografía u otras pruebas que permitan valorar el estado real del hígado. En algunos casos, también puede ser necesario estudiar el grado de fibrosis mediante pruebas no invasivas.

Los riesgos asociados al hígado graso dependen del grado de avance. Si la grasa acumulada provoca inflamación, el tejido del hígado comienza a dañarse. Con el tiempo, ese daño puede transformarse en cicatrices internas, un proceso conocido como fibrosis hepática. Cuando la fibrosis progresa y afecta a grandes áreas del órgano, puede evolucionar hacia cirrosis, una condición grave en la que el hígado pierde parte de su capacidad para cumplir funciones esenciales, como depurar toxinas, regular el metabolismo y producir sustancias indispensables para la digestión.

En casos más avanzados, la cirrosis puede derivar en insuficiencia hepática e incluso aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de hígado. Por todo ello, aunque el hígado graso puede ser reversible en sus primeras fases, no debe subestimarse.

Desde una mirada holística, el hígado graso nos invita a observar no solo la alimentación, sino también el modo de vida completo: el estrés sostenido, el descanso insuficiente, el sedentarismo, la sobrecarga emocional, la toxicidad ambiental, el consumo de alcohol, el uso de determinados medicamentos, la inflamación de bajo grado, la relación con la comida, la digestión, el placer, la energía vital y los hábitos cotidianos.

Desde la Kinecuántica, tenemos experiencia acompañando a pacientes con esta condición, especialmente cuando se trabaja de forma conjunta sobre hábitos de vida, alimentación, estrés, emociones, metabolismo y causa prioritaria del desorden. Esta condición puede mejorar notablemente cuando se adoptan cambios adecuados y sostenidos en el estilo de vida.

Una alimentación equilibrada, rica en verduras, frutas, proteínas de calidad, fibra y grasas saludables, combinada con actividad física regular, puede ayudar a reducir la grasa hepática de manera efectiva. Mantener un peso adecuado, evitar el consumo de alcohol y reducir los alimentos ultraprocesados contribuye a que el hígado recupere parte de su funcionalidad.

También es recomendable controlar los niveles de glucosa, insulina, triglicéridos, colesterol, presión arterial y otros marcadores metabólicos, ya que el equilibrio metabólico es clave para prevenir el avance del daño hepático. En muchos casos, estas medidas son suficientes para detener e incluso revertir la progresión del hígado graso en fases iniciales.

Desde la Kinecuántica, podemos acompañar este proceso buscando la causa prioritaria, valorando posibles desórdenes físicos, bioquímicos, emocionales, inconscientes o transgeneracionales, y orientando al paciente hacia una mayor coherencia en sus hábitos de vida. Este abordaje no sustituye el diagnóstico ni el seguimiento médico, sino que puede actuar como complemento dentro de una visión más amplia e integradora de la salud.

Comprender esta condición es fundamental para fomentar la prevención. El hígado es un órgano silencioso pero esencial. Cuidarlo no solo mejora la salud digestiva, sino que influye en el equilibrio general del cuerpo, en la energía, en la depuración, en el metabolismo, en la vitalidad y en la capacidad de adaptación del organismo.

Adoptar hábitos saludables, prestar atención a las señales del cuerpo y realizar revisiones periódicas permite identificar a tiempo cualquier alteración. Educarse sobre el hígado graso es un paso importante para que cada persona pueda tomar decisiones informadas y responsables respecto a su bienestar.

Como bien sabes, desde la Kinecuántica abordamos los problemas de salud desde su propia naturaleza, desde sus síntomas y, muy especialmente, desde su causa. En el caso del hígado graso, esa causa puede ser metabólica, alimentaria, emocional, tóxica, medicamentosa, inflamatoria, energética o multifactorial. Por eso, nuestra mirada debe ser siempre amplia, prudente, integradora y respetuosa con la complejidad de cada persona.

Con todo mi cariño.

Fernando Bernal Martín

Translate »