Soy Fernando Bernal Martín, kinesiólogo cuántico y profesor de la Escuela Internacional de Kinecuántica y del Centro Vida Sana.
Desde estas dos instituciones comparto estos artículos con nuestro alumnado y con todas aquellas personas que, desde la curiosidad, el estudio o la vocación terapéutica, desean acercarse a la salud y a la medicina desde una mirada más amplia, humana y holística.
En esta ocasión he querido dedicar mi reflexión al estado de las terapias holísticas en el contexto internacional. Considero que este tema puede ayudarnos a generar cierto debate o, al menos, una reflexión entre estudiantes, profesionales y terapeutas holísticos. Se trata, además, de una cuestión de plena actualidad y de gran interés profesional, que también puede resultar útil para quienes, sin ejercer como terapeutas, desean ampliar sus conocimientos y sus horizontes culturales.
Este artículo, lejos de pretender ser exhaustivo, ofrece una visión general y enfocada de la cuestión, con la intención de ayudarnos a tomar conciencia de sus dimensiones, de su importancia y del lugar que las terapias holísticas ocupan actualmente en el mundo.
La presencia y la trascendencia de las terapias y medicinas holísticas en el escenario internacional han crecido de manera constante durante las últimas décadas. Esta expansión responde a un cambio profundo en la forma en que muchas personas entienden la salud, concebida cada vez más como un estado de equilibrio entre las dimensiones física, emocional, mental, energética, social y espiritual del ser humano.
En distintas culturas y sistemas sanitarios, algunas de estas prácticas se han incorporado como alternativas o, principalmente, como complementos de la medicina convencional. De este modo, se ha ido creando un espacio de diálogo que intenta integrar conocimientos tradicionales con enfoques contemporáneos.
Su expansión puede entenderse también como una respuesta social ante la saturación, la falta de tiempo y la insuficiente atención personalizada que muchas personas perciben dentro de ciertos sistemas públicos y privados de salud, sometidos con frecuencia a importantes presiones económicas, administrativas, farmacéuticas y comerciales.
El auge internacional de estas terapias se apoya en la búsqueda de procedimientos menos invasivos, en la importancia concedida a la prevención y en la necesidad de ofrecer una atención más cercana e individualizada. En numerosos países, la población demanda propuestas que no se limiten a tratar los síntomas inmediatos, sino que ayuden a comprender los factores que pueden estar participando en el desequilibrio y contribuyan a mejorar la calidad de vida desde una perspectiva más amplia.
Este interés ha permitido que disciplinas como la acupuntura, la meditación, la fitoterapia, la osteopatía, la reflexología, algunas formas de kinesiología y otras muchas prácticas hayan ganado presencia y reconocimiento social. Estas disciplinas se emplean, entre otros objetivos, para acompañar procesos de bienestar, favorecer la relajación, reducir el estrés, mejorar la conciencia corporal y ofrecer una mirada más completa sobre la persona.
También algunos organismos internacionales, universidades, instituciones académicas y centros de investigación han mostrado interés en estudiar determinadas prácticas tradicionales, complementarias e integrativas. El propósito de estas investigaciones es conocer con mayor precisión sus posibles beneficios, sus limitaciones, sus riesgos y los campos en los que pueden resultar de utilidad.
Entre los avances más significativos se encuentra la incorporación progresiva de ciertas terapias complementarias en algunos sistemas públicos y privados de salud. Diversos países de Asia, Europa y América han incluido determinadas prácticas dentro de sus servicios sanitarios, hospitalarios o asistenciales, abriendo la posibilidad de desarrollar una atención más plural, preventiva y multidisciplinar.
Los resultados obtenidos en algunas investigaciones, unidos a la experiencia clínica acumulada por numerosos profesionales, han contribuido a aumentar el interés por estas disciplinas. Algunas prácticas cuentan ya con un mayor respaldo científico para ciertas aplicaciones concretas, mientras que otras continúan siendo objeto de estudio y debate.
Este proceso ha favorecido la creación de programas de formación especializada, titulaciones académicas en determinadas disciplinas, sistemas de certificación profesional y marcos regulatorios más claros en algunos países. Sin embargo, este desarrollo no se ha producido de manera uniforme y todavía existen grandes diferencias entre territorios.
Otro logro importante ha sido el reconocimiento del valor histórico y cultural de muchas medicinas tradicionales. Numerosas comunidades indígenas y originarias han reivindicado sus conocimientos como parte de su patrimonio cultural, procurando que sus prácticas sean protegidas, estudiadas y transmitidas con mayor respeto.
Este reconocimiento contribuye a enriquecer el diálogo intercultural y nos permite comprender que la humanidad ha desarrollado, a lo largo de miles de años, diferentes formas de observar el cuerpo, la enfermedad, la naturaleza y los procesos de recuperación.
En paralelo, la difusión internacional de estas medicinas ha impulsado numerosas investigaciones y propuestas relacionadas con los estilos de vida, la alimentación, el manejo de las emociones, la conciencia corporal, la espiritualidad, el bienestar integral y la prevención.
Conviene recordar que muchas de las medicinas tradicionales y holísticas hunden sus raíces en prácticas ancestrales de observación y experimentación desarrolladas por la humanidad desde tiempos remotos. El chamanismo, la herbolaria, los masajes, las manipulaciones corporales, los rituales de sanación, las prácticas energéticas y la utilización terapéutica de los recursos naturales forman parte de uno de los procesos de investigación empírica más antiguos y prolongados de nuestra especie.
De estos conocimientos ancestrales surgieron sistemas médicos complejos, como la medicina tradicional china, el Ayurveda y otras formas de medicina tradicional desarrolladas por numerosos pueblos y culturas. Algunas de estas prácticas aportaron conocimientos sobre plantas medicinales, alimentación, higiene, cuidado de los animales, acompañamiento emocional y relación entre el ser humano y su entorno.
A partir de este gran tronco histórico y cultural también han ido apareciendo, especialmente durante los últimos siglos, nuevas propuestas de carácter holístico, como el Reiki, las constelaciones familiares, diversas formas de terapia energética, las diferentes kinesiologías y, por supuesto, la Kinecuántica.
No todas estas prácticas cuentan con el mismo grado de evidencia, reconocimiento, regulación o aceptación científica. Sin embargo, todas ellas forman parte de un movimiento social y cultural que merece ser observado, estudiado y analizado con apertura, responsabilidad y espíritu crítico.
Las terapias holísticas constituyen hoy un movimiento internacional difícil de ignorar. A los conocimientos originarios, chamánicos y tradicionales se han sumado cientos de escuelas, centros terapéuticos, asociaciones profesionales, espacios formativos, publicaciones, congresos, encuentros y proyectos de investigación. A ello se añade una presencia cada vez mayor en internet y en las redes sociales.
Todo este proceso ha convertido a las terapias holísticas en una alternativa para algunas personas y, sobre todo, en un complemento cada vez más visible de la medicina convencional. Su crecimiento expresa el deseo de una parte importante de la sociedad de recibir una atención más humana, personalizada y participativa.
A pesar de estos avances, las terapias y medicinas holísticas continúan enfrentándose a dificultades relevantes. Una de las principales es la falta de una regulación uniforme entre países. Esta situación puede generar confusión tanto entre los profesionales como entre los usuarios.
En algunos lugares, el acceso a una formación de calidad continúa siendo limitado. En otros, se permite ejercer determinadas prácticas sin unos requisitos formativos suficientes. Esta falta de criterios comunes puede afectar a la seguridad de los usuarios, a la ética profesional y a la confianza de la sociedad.
Por ello, uno de los grandes retos de nuestro tiempo consiste en avanzar hacia una formación más seria, una práctica más responsable y una regulación que proteja tanto al profesional honesto y cualificado como a la persona que solicita su ayuda.
Otra dificultad importante se encuentra en el debate entre la evidencia científica, la tradición, la experiencia clínica y los resultados observados en territorios terapéuticos que todavía han sido poco investigados.
Algunas prácticas parecen ofrecer resultados positivos y presentan escasos riesgos cuando son aplicadas adecuadamente, pero todavía no disponemos de explicaciones suficientes acerca de sus posibles mecanismos de acción. En ciertos casos, esta falta de conocimiento puede deberse a la escasez de recursos, a la dificultad de diseñar estudios apropiados o a la ausencia de modelos teóricos suficientemente desarrollados.
Esto no significa que todo aquello que aún no puede explicarse deba aceptarse automáticamente como verdadero. Tampoco significa que deba rechazarse sin haber sido estudiado. La actitud más adecuada debería situarse entre ambos extremos: mantener la apertura ante lo desconocido y, al mismo tiempo, aplicar el discernimiento, la observación, la investigación y la prudencia.
Aunque existen estudios que respaldan determinados enfoques complementarios, otros requieren todavía investigaciones rigurosas para comprender sus mecanismos, sus posibilidades, sus riesgos y sus límites. Esta brecha de conocimiento favorece controversias y puede conducir a dos posturas igualmente reduccionistas: idealizar las terapias holísticas sin suficiente criterio o descartarlas por completo sin un análisis adecuado.
La falta de financiación para investigar muchas de estas prácticas limita, además, la producción de conocimiento sólido y dificulta que puedan establecerse conclusiones claras.
El crecimiento comercial de las terapias holísticas también ha generado ciertos riesgos. Entre ellos se encuentran la aparición de propuestas con escasa base metodológica, la banalización de conocimientos profundos, la utilización de afirmaciones exageradas y la difusión de información confusa o engañosa en los entornos digitales.
Este problema exige establecer estándares de calidad, mejorar la formación de los profesionales, promover la educación de los usuarios y responsabilizar a quienes ofrecen estos servicios. Toda práctica terapéutica debería ejercerse desde la honestidad, la prudencia, el respeto y el reconocimiento de los propios límites profesionales.
Las terapias holísticas no deben utilizarse para retrasar diagnósticos necesarios ni para sustituir irresponsablemente tratamientos médicos que puedan resultar imprescindibles. Su verdadero valor aparece cuando se practican con conocimiento, ética y voluntad de colaboración con otros profesionales de la salud.
Finalmente, podemos afirmar que las terapias y medicinas holísticas ocupan hoy un lugar significativo dentro del panorama internacional debido a su capacidad para ofrecer una visión más amplia de la salud. Entre sus logros se encuentran una creciente aceptación social, la integración progresiva de determinadas prácticas en algunos sistemas sanitarios, un reconocimiento más profundo de los conocimientos tradicionales y una demanda social cada vez mayor.
Sin embargo, este movimiento también se enfrenta a desafíos que requieren nuestra atención: la regulación, la investigación, la formación profesional, la ética, la claridad informativa, la seguridad y el rigor metodológico.
La evolución futura de estas prácticas dependerá de la colaboración entre profesionales, instituciones sanitarias, investigadores, escuelas, universidades, asociaciones y comunidades. El objetivo debería ser construir un modelo de salud más completo, humano y coherente con las necesidades actuales.
Un modelo en el que la medicina convencional y las terapias holísticas no se contemplen necesariamente como fuerzas enfrentadas, sino como ámbitos que pueden dialogar, complementarse y enriquecerse mutuamente cuando existe respeto, evidencia, prudencia y una auténtica voluntad de servicio.
En ese modelo, la formación de alto nivel, la atención personalizada, la búsqueda responsable de las causas y el amor como eje central de la relación terapéutica deben ocupar un lugar esencial en nuestra profesión.
«Las terapias holísticas nos recuerdan que sanar no consiste solamente en intervenir sobre el cuerpo, sino también en acompañar al ser humano en su camino hacia una mayor armonía».
Con todo mi cariño,
Fernando Bernal Martín

