EL MUNDO INVISIBLE: Una Mirada Desde la Kinecuántica
Bonito día. Soy Fernando Bernal Martín, kinesiólogo cuántico, de la Escuela Internacional de Kinecuántica y del Centro Vida Sana.
Ambas instituciones me encargan hacer estos artículos cuya finalidad es estimular a nuestro alumnado, así como a quienes eventualmente pudieran leerlos, para contribuir a su formación como terapeutas o elevar sus niveles culturales.
Para hoy he escogido el tema de “lo invisible”, que me parece muy relevante, interesante y actual, aunque no exento de ciertas controversias, pues el desarrollo de la investigación en este campo continúa lleno de prejuicios y desconocimiento.
El llamado mundo invisible es una dimensión que acompaña nuestra vida, aunque no siempre tengamos plena conciencia de ello. No se trata de un espacio misterioso ni lejano, sino de la parte más sutil de nuestra existencia, aquella que organiza silenciosamente nuestras emociones, pensamientos, percepciones y movimientos internos.
Todo lo que ocurre en nuestro interior tiene una raíz que no siempre puede verse con los ojos, pero sí puede sentirse, escucharse y comprenderse desde la presencia.
Cuando hablamos del mundo invisible, nos referimos a los campos energéticos que rodean al cuerpo, a la memoria emocional que se almacena sin palabras, a las creencias que moldean nuestra postura ante la vida, a los patrones inconscientes que influyen en cómo reaccionamos y, por supuesto, a ámbitos que desconocemos y que, por el momento, ni siquiera logramos intuir.
Aunque estos elementos no puedan tocarse físicamente, tienen efectos concretos sobre el cuerpo, la salud y las experiencias que vivimos. Una emoción contenida puede tensar la musculatura, una idea repetitiva puede alterar la respiración y un recuerdo no resuelto puede bloquear el movimiento natural de la energía.
Lo invisible actúa como un tejido sutil que une lo que sentimos con lo que manifestamos.
En el trabajo corporal y terapéutico que realizamos, el mundo invisible se convierte en un espacio fundamental. Cada persona tiene un campo que se expande, se contrae, vibra o se armoniza según su estado interno. Este campo registra la historia personal, los aprendizajes, los miedos y los recursos que cada uno posee.
Aunque no lo veamos, sí podemos percibirlo a través de sensaciones, cambios de temperatura, aromas u olores inexplicables, intuiciones suaves o movimientos que parecen surgir sin motivo aparente. La práctica continuada permite afinar esa percepción hasta que se vuelve natural y clara.
Desarrollar sensibilidad hacia lo invisible y estimular la intuición no es un don reservado a unos pocos, sino una habilidad que florece con la atención, la práctica y la apertura. A medida que el alumnado aprende a escuchar más allá de lo evidente, también aprende a acompañar a otras personas de forma más profunda.
La “escucha sutil” permite detectar tensiones que no pertenecen al cuerpo físico, comprender emociones que no han sido expresadas y sostener un espacio en el que la transformación pueda darse con suavidad y respeto.
Cuando una persona libera una emoción, reconoce un patrón o se permite mirar una parte interna que estaba oculta, algo en su campo invisible se reorganiza. Ese movimiento suele preceder a los cambios visibles: una respiración que se hace más amplia, un gesto que se relaja, una mirada que recupera luminosidad.
La transformación siempre comienza en lo sutil antes de mostrarse en lo concreto.
El propósito de explorar el mundo invisible no es desconectarse de la realidad material, sino habitarla con mayor consciencia. Integrar ambos mundos permite comprender mejor, acompañar con mayor profundidad y vivir con más coherencia.
Cuando aprendemos a leer lo sutil, descubrimos que la realidad es más rica, más viva y más interconectada de lo que imaginábamos. Y desde esa comprensión, la práctica terapéutica se vuelve más humana, más respetuosa y más completa.
El mundo invisible está siempre presente, acompañándonos en silencio. Al aprender a percibirlo, abrimos la puerta a una forma más amplia de vernos a nosotros mismos y de comprender a quienes acompañamos. Es un camino de sensibilidad, de atención y de apertura que invita a descubrir la profundidad que existe detrás de cada gesto, cada emoción y cada experiencia.
La kinecuántica, además de ser un sistema global de salud, nos permite usar la Kine y la Telekine como elementos de introspección e investigación dentro de los ámbitos sutiles de nuestros pacientes.
Por ello, con la práctica continuada de nuestra Kine, se desarrolla cada vez más lo que denominamos “intuición kinesiológica”, que a muchos nos permite conocer las respuestas incluso antes de haber formulado las preguntas.
Con todo mi cariño,
Fernando Bernal Martín

