Saludos. Soy Fernando Bernal Martín, kinesiólogo cuántico y profesor de la Escuela Internacional de Kinecuántica y del Centro Vida Sana. Por encargo de estas dos instituciones, escribo estos artículos para nuestro alumnado y para quienes, eventualmente, pudieran leerlos con la intención de estimularles en el estudio de la medicina desde nuestra perspectiva holística.
Para hoy he seleccionado el tema de las infecciones intestinales, que en muchos casos constituye un asunto de actualidad e interés profesional, pero que también puede ayudar a quienes, sin ser terapeutas, desean adquirir conocimiento y ampliar sus límites culturales.
Mi artículo de hoy, lejos de ser exhaustivo, propone una visión reducida del problema, pero pretende ayudar a tomar conciencia de sus dimensiones, de su importancia y de su posible gravedad.
Así que, sin más preámbulos, vamos a la tarea del estudio.
Las infecciones intestinales representan un enorme y creciente problema de salud global, con una alta incidencia en la vida y en la calidad de vida de las personas, sus mascotas y los animales de granja. Desde el Centro Vida Sana, a algunas de estas infecciones las hemos denominado pandemias silenciosas por su altísima prevalencia.
Son uno de los desafíos más importantes para la salud digestiva humana debido a su capacidad para alterar profundamente el equilibrio del tracto gastrointestinal, comprometer la absorción de nutrientes y desencadenar procesos inflamatorios que pueden afectar al organismo de manera global. Estas infecciones pueden ser provocadas por hongos, bacterias o parásitos, cada uno con mecanismos de acción específicos y consecuencias particulares. En este artículo se abordan algunas de las más relevantes por su frecuencia, severidad y capacidad de generar complicaciones sistémicas.
La candidiasis intestinal es una infección causada principalmente por el hongo Candida albicans, un organismo que forma parte de la microbiota habitual, pero que, bajo determinadas condiciones, puede multiplicarse en exceso. Factores como el uso prolongado de antibióticos, el estrés, las dietas altas en azúcares, el alcohol o la inmunodepresión favorecen su proliferación. Su mecanismo de acción consiste en la alteración de la microbiota intestinal, la irritación del epitelio y la producción de sustancias que pueden incrementar la permeabilidad intestinal, lo que puede contribuir al llamado síndrome de intestino permeable. Sus efectos pueden incluir distensión abdominal, diarrea o estreñimiento, dolor abdominal, fatiga persistente, intolerancias alimentarias y una mayor reactividad inflamatoria del sistema inmunitario.
La infección por Escherichia coli patógena, especialmente por cepas enterotóxicas, enterohemorrágicas o enteropatógenas, puede producir cuadros severos. Esta bacteria, que en condiciones normales puede formar parte del intestino, adquiere factores de virulencia que le permiten adherirse a la mucosa, dañar las vellosidades intestinales y liberar toxinas. Estas toxinas alteran la absorción de agua y electrolitos, desencadenan diarreas intensas, náuseas, cólicos severos y, en los casos más graves, hemorragias intestinales. Algunas cepas pueden provocar lesiones renales graves debido a la toxina Shiga, lo que convierte la infección en una posible emergencia médica.
La teniasis es una infección causada por tenías o solitarias, principalmente Taenia saginata y Taenia solium. Estas infecciones surgen por el consumo de carne de res o de cerdo mal cocinada que contiene cisticercos, las formas larvarias del parásito. Una vez en el intestino delgado, el parásito se fija mediante su escólex y comienza a crecer, pudiendo alcanzar varios metros de longitud. Su mecanismo de acción incluye la absorción de nutrientes del huésped, la irritación mecánica de la mucosa y la liberación de productos metabólicos que afectan al sistema digestivo. Sus efectos pueden incluir pérdida de peso, dolor abdominal, alteraciones del apetito, diarreas intermitentes y anemia en casos prolongados.
La variante más peligrosa aparece cuando se ingieren huevos de Taenia solium, dando lugar a la cisticercosis. En esta situación, las larvas migran fuera del intestino y forman quistes en órganos como músculos, ojos o sistema nervioso central. Si afecta al cerebro, se denomina neurocisticercosis y puede provocar convulsiones, hidrocefalia, alteraciones cognitivas, cefaleas intensas e incluso la muerte. Esta forma representa una de las causas prevenibles más importantes de epilepsia en regiones donde la parasitosis es endémica.
Las infecciones por Ascaris lumbricoides, uno de los helmintos más frecuentes en el mundo, se producen por la ingestión de huevos presentes en alimentos o agua contaminada. Una vez ingeridos, los huevos liberan larvas que atraviesan la mucosa intestinal, migran hacia el hígado y posteriormente hacia los pulmones, donde maduran antes de volver al intestino para completar su ciclo. Este patrón migratorio caracteriza su mecanismo de acción y explica la diversidad de síntomas. Sus efectos pueden incluir tos, dificultad respiratoria, fiebre, diarrea, obstrucción intestinal en casos de infestaciones masivas, desnutrición y anemia. En niños puede retrasar el crecimiento y afectar a la capacidad cognitiva debido a la disminución en la absorción de nutrientes.
Las infecciones por Anisakis se deben a la ingestión de pescado crudo o insuficientemente cocinado que contiene larvas del parásito Anisakis simplex. A diferencia de otros helmintos, estas larvas no logran completar su ciclo en el ser humano, pero pueden invadir la mucosa gástrica o intestinal, produciendo lesiones agudas. Su mecanismo de acción está relacionado con la penetración mecánica de los tejidos y con reacciones inmunológicas intensas, ya que el organismo reconoce al parásito como un elemento altamente agresivo. Los síntomas suelen aparecer de forma súbita e incluyen dolor abdominal severo, náuseas, vómitos, fiebre y, en casos avanzados, obstrucción intestinal. Además, Anisakis puede desencadenar fuertes reacciones alérgicas, incluida la anafilaxia, incluso en ausencia de infección activa, por contacto con sus proteínas.
El conjunto de estas infecciones demuestra la importancia de la prevención a través de la correcta manipulación de los alimentos, el mantenimiento de una microbiota equilibrada, el cuidado de la higiene personal y la protección frente a alimentos crudos o potencialmente contaminados. Cada uno de estos agentes actúa mediante mecanismos específicos, pero el denominador común es la alteración del equilibrio intestinal y la activación de respuestas inflamatorias que afectan no solo al sistema digestivo, sino también al sistema inmunitario y al estado general de salud.
Con todo mi cariño.
Fernando Bernal Martín.

