EL EGOÍSMO.
Bonito día. Soy Fernando Bernal Martín, kinesiólogo cuántico de la Escuela Internacional de Kinecuántica y del Centro Vida Sana. Ambas instituciones me encargan hacer estos artículos cuya finalidad es estimular a nuestro alumnado y a quienes eventualmente pudieran leerlos, para contribuir a su formación como terapeutas o elevar sus niveles culturales.
Hoy he escogido el tema del egoísmo, que me parece muy relevante, de interés y actualidad, y no exento de ciertas controversias, pues el desarrollo de la investigación en este campo, como en el de muchas otras emociones, sigue estando lleno de prejuicios y desconocimiento.
Como suele ser habitual en mí, te diré con muchas dudas que, según yo, el egoísmo es una de las fuerzas más sutiles y al mismo tiempo más poderosas que influyen en la vida humana. No siempre se presenta de forma evidente, como una actitud abiertamente egocéntrica o una intención consciente de anteponer los propios intereses a los de los demás. En muchas ocasiones opera de manera silenciosa, disfrazado de protección personal, de autopreservación o de lógica emocional. Comprender qué es realmente el egoísmo y cómo puede afectar a nuestra vida y a nuestras relaciones es un paso esencial para cualquier proceso formativo y, especialmente, para quienes transitan caminos de autoconocimiento, crecimiento y servicio en el ámbito de la salud holística o cualquier otro.
El egoísmo se puede entender como la tendencia a situar la propia perspectiva como la medida principal de la realidad. Cuando una persona actúa desde este lugar, interpreta las situaciones según cuánto le benefician o afectan, sin tener en cuenta el impacto que sus acciones generan en los demás. Este enfoque puede parecer práctico a corto plazo, pero en realidad limita la capacidad de conexión, reduce la empatía y empobrece la visión integral que una persona puede tener del mundo.
Una de las consecuencias más comunes del egoísmo es el deterioro de las relaciones interpersonales. Un vínculo sano se basa en el intercambio equilibrado, en la escucha, la colaboración y la reciprocidad. Cuando el egoísmo domina, estos pilares se debilitan. La comunicación se vuelve defensiva o manipuladora, la desconfianza aumenta y cada parte empieza a sentir que la otra no está presente de manera plena y auténtica. Esto, con el tiempo, puede generar frustración, distancia emocional y rupturas que podrían haberse evitado con un mayor nivel de conciencia y apertura.
Además del impacto en las relaciones, el egoísmo influye en la salud emocional de quien lo practica. Una persona centrada únicamente en sí misma suele vivir más expuesta a la insatisfacción y al conflicto interno. Esto ocurre porque el egoísmo crea una ilusión de separación, la sensación de que uno debe ocuparse solo de lo suyo y protegerse del entorno. Esta visión genera tensión, miedo a perder lo que se considera propio y una constante comparación con los demás. Lejos de aportar bienestar, esta actitud favorece la inseguridad y la sensación de carencia, incluso cuando externamente parece que la persona lo tiene todo bajo control.
En el ámbito formativo y terapéutico, el egoísmo puede volverse un obstáculo importante. Quien se centra demasiado en sí mismo tiene dificultad para aprender desde la humildad, la solidaridad o la empatía, y para abrirse a nuevas perspectivas. La formación como kinesiólogo cuántico exige disponibilidad, sensibilidad y la capacidad de reconocer que siempre hay algo más por descubrir. Cuando el egoísmo interviene, aparece la resistencia: resistencia a cambiar, a escuchar, a cuestionar las propias creencias o a asumir responsabilidades, lo que limita el crecimiento y dificulta el acceso a niveles de comprensión.
Sin embargo, es importante distinguir entre egoísmo y amor propio. Quererse a uno mismo, establecer límites o priorizar la propia salud física y emocional no es egoísta. Al contrario, es un requisito imprescindible para poder estar bien con los demás. El problema surge cuando el cuidado de uno mismo se convierte en la única referencia, sin espacio para la empatía, la solidaridad o la comprensión de las necesidades de las otras personas. El equilibrio es lo que permite que una persona pueda sostenerse, amarse y cuidarse sin dejar de estar disponible para la vida que la rodea.
Reconocer el egoísmo en uno mismo no es un ejercicio de culpa, sino de lucidez. Todos los seres humanos tenemos momentos en los que actuamos desde el ego, especialmente cuando estamos cansados, estresados o heridos. La clave está en desarrollar la capacidad de observar esas reacciones y transformarlas. Cuando una persona observa su egoísmo sin juzgarse, pero con la intención genuina de mejorar, empieza a abrirse a una forma de vivir más consciente y más conectada.
Los efectos positivos de superar el egoísmo se reflejan en una mayor claridad emocional, una ampliación del sentido de propósito y una relación más armónica con los demás. Al dejar de ver la vida como una competencia constante, se experimenta una sensación de alivio y libertad. La cooperación reemplaza a la rivalidad, la comprensión reemplaza al juicio, la gratitud ocupa el lugar de la necesidad de control y el amor abre la puerta de la empatía.
Fomentar una actitud menos egoísta implica la autoobservación y el compromiso crítico de verse y mejorar, practicar la escucha profunda, observar las necesidades del entorno, actuar con coherencia y honestidad, y recordar que cada persona es parte de un sistema más amplio. La verdadera madurez consiste en reconocer que el bienestar personal y el bienestar colectivo no están separados, sino íntimamente unidos. Cuando uno mejora como individuo, mejora también la calidad de sus vínculos y contribuye a un entorno más equilibrado y saludable.
Este camino de transformación no se recorre de un día para otro. Requiere voluntad, autoanálisis crítico, sensibilidad y una auténtica apertura al aprendizaje. Pero es un camino que vale la pena recorrer, porque libera, fortalece y permite que la vida se exprese con mayor claridad. Para quienes están en proceso formativo, comprender el egoísmo y sus efectos es un paso fundamental para crecer no solo como estudiantes, sino como profesionales de la salud holística, seres humanos capaces de aportar algo valioso al mundo con su presencia y sus acciones. Superar el egoísmo es un placer que mejorará tu vida y tu calidad de vida.
“El egoísmo encierra al corazón en sí mismo y le impide descubrir la riqueza de lo que nace al compartir.”
Con todo mi cariño.
Fernando Bernal Martín.
