SOMOS EL UNIVERSO.
Somos parte del universo: una verdad que sostiene la homeostasis y la visión de la kinecuántica.
En kinecuántica partimos de una premisa esencial: el ser humano no está separado del universo, sino que es parte esencial de él, una expresión de él. Esta idea, lejos de ser metafórica, es una realidad sustentada tanto por la física cuántica como por la biología, la cosmología y la experiencia interna del equilibrio.
Recordar que somos parte del universo es recordar de qué estamos hechos, cómo funcionamos y cuál es la fuente profunda de nuestra homeostasis: la coherencia con la vida que nos sostiene.
La kinecuántica concibe al ser humano como un sistema abierto que intercambia información con su entorno constantemente. Esto significa que:
- No somos estructuras aisladas.
- Somos campos de información en diálogo continuo con el campo mayor del universo.
- Cada átomo de nuestro cuerpo proviene de procesos estelares ocurridos miles de millones de años antes de nuestra existencia.
La física moderna afirma que el universo está constituido por un campo cuántico donde todo existe interconectado. Desde esta mirada, tú no “vives en” el universo: el universo vive en ti.
Tu cuerpo está hecho de fragmentos estrellas. – Los átomos que te forman fueron creados en el interior de estrellas antiguas y dispersados por supernovas. Por eso podemos afirmar con rigor científico y con profunda resonancia espiritual que:
“Eres literalmente polvo de estrellas organizado en forma humana”.
Cuando reconoces esta pertenencia, algo en tu organismo se reorganiza: tu mente se aquieta, tus emociones se ordenan y tu fisiología entra en coherencia. A esto en kinecuántica lo llamamos homeostasis cuántica: el estado de equilibrio que emerge cuando el sistema recuerda su origen y su pertenencia.
La composición química del universo nos revela una verdad sorprendente y poderosa:
Composición del universo por masa (aproximada)
- Hidrógeno (H): 74 %
- Helio (He): 24 %
- Oxígeno (O): ~1 %
- Carbono (C): ~0,5 %
- Neón (Ne), Hierro (Fe), Nitrógeno (N): ~0,1 % cada uno
- Otros elementos pesados: menos del 0,02 %
Por número de átomos:
- Hidrógeno: 92 %
- Helio: 7 %
- Los demás elementos juntos: menos del 1 %
El universo, por tanto, es casi completamente hidrógeno y helio, y sin embargo…
la vida depende del pequeño 1–2 % restante.
Los elementos de la vida (CHON)
La biología nos enseña que la vida humana se construye principalmente con:
- Carbono (C) – estructura orgánica
- Hidrógeno (H) – agua y moléculas energéticas
- Oxígeno (O) – agua y respiración celular
- Nitrógeno (N) – ADN, ARN, aminoácidos
Estos elementos constituyen más del 95 % de tu cuerpo.
Ese 1–2 % del universo —minoría ínfima, pero extraordinaria— es la base de toda vida conocida.
Más allá del C.H.O.N.: los metales de la vida
Aunque escasísimos en el cosmos, para nosotros son imprescindibles:
- Magnesio (Mg): activa más de 300 enzimas
- Hierro (Fe): transporte de oxígeno
- Fósforo (P): moléculas energéticas (ATP)
- Azufre (S): estructura proteica
Estos elementos son fundamentales para tu equilibrio, aunque representan una fracción diminuta de la materia universal.
Tu bioquímica es un milagro estadístico del universo.
La vida fluye a través de ti: el movimiento homeodinámico
En kinecuántica entendemos que la vida no es algo externo que simplemente te sucede:
es un flujo continuo de información que atraviesa tu organismo y se reordena según tu nivel de consciencia.
Cada pensamiento, emoción o acción:
- Modifica tu campo interno.
- Altera tu coherencia.
- Ajusta tu homeostasis.
- Influye en tus procesos biológicos.
Cuanto más recuerdas que eres parte de un universo vivo, más facilidad tiene tu organismo para recuperar su ritmo natural.
La vida se sincroniza contigo cuando tú te sincronizas con ella.
Los síntomas, la confusión o el estrés no significan desconexión real del universo (eso es imposible).
Significan olvido temporal de la conexión. La kinecuántica no busca forzar al cuerpo a sanar:
busca recordarle su información original de equilibrio, que es la misma que sostiene galaxias, estrellas, átomos y moléculas.
Cuando recuerdas que:
“Soy parte del universo, y el universo actúa conmigo”, tu organismo encuentra por sí solo el camino de regreso al equilibrio.
Si somos campos de información, entonces cada intención modifica el campo.
Esto implica que:
- No eres espectador pasivo de tu salud.
- No eres objeto del entorno.
- Eres co-creador activo de tu homeostasis.
Tu estado interno reorganiza tu campo. Tu campo reorganiza tu biología.
Tu biología reorganiza tu vida. Y esta retroalimentación es permanente.
Comprender tu pertenencia al universo te devuelve poder personal, responsabilidad y propósito.
La kinecuántica propone experiencias que permiten no solo entender esta verdad, sino sentirla.
Cuando en una práctica, una respiración o un instante de presencia sientes:
“Estoy conectado. Soy parte de la vida.”
Algo profundo ocurre:
- Tus campos se ordenan.
- La mente se alinea.
- El cuerpo responde con coherencia.
- Tu propósito se clarifica.
Recordar tu origen reorganiza tu presente.
Cuando recuerdas quién eres, recuperas tu equilibrio
Somos parte del universo. Estamos hechos de los mismos elementos que las estrellas.
Nuestro cuerpo es la organización temporal de una información eterna.
Recordar esto no es un acto espiritual únicamente: Es un acto biológico, cuántico y profundamente humano.
Cada vez que recuperas esta memoria, tu vida se reordena para acompañarte.
Con todo mi cariño.
Fernando Bernal Martín.

